martes, 26 de febrero de 2013

Cuento


Iris Elena Delgado Mejía 4Bmerc.05
Héctor Santana
Lengua Española IV
11 de Abril, 2013


4:45 a.m.; Todo estaba muy tranquilo aquella madrugada. Davis no va a estar en la casa…
A esas horas las calles en Los Ángeles eran muy solitarias, no convendría salir de nuevo. La delincuencia acapara la atención del sitio; ya nada es como antes.

-Davis, ¿a dónde vas?
-Voy a salir, mamá.
-Pero, ¿a qué lugar?
-No muy lejos, estaré cerca del colegio de las chicas.
-Y, ¿qué harás por ahí a estas horas?
-No preguntes tanto, mamá.

No era un buen día para salir temprano, mucho menos hoy. Parecía que el mal asechaba, y muy de cerca.

-¿Tía?
-Sí, hija.
-¿Dónde está Davis? No lo veo en su habitación.
-Salió. Tal vez tiene que hacer una diligencia.
-¡¿A estas horas?!

            Ella calló por un rato. No sabía qué decirle.

-No preguntes tanto, -dijo- ve y despierta a tu prima; se le hará tarde, y hoy es uno de esos días en los que se estresará mucho por tanta actividad.

            Mientras levantaba a Camila para ir al colegio, pensaba  en Davis. Él no estudiaba, lo había dejado todo cuando reprobó 4º de bachillerato, y mucho menos trabajaba. ¿Qué haría y a dónde?

            Camila, poco tiempo después, ya estaba lista, yo por igual. Recuerdo cuando nos peleábamos por el uniforme y en ser las primeras en arreglarse; esos tiempos tal vez ni vuelvan.

            Soy la menor de los tres. Mis padres murieron en un accidente en Bronks, y mi tía, medre de Camila, me adoptó, por así decir.

-Chicas, aquí está la merienda. Es hora de irse.

            Y al despedirnos, sentí miradas, no sé de qué dirección venían, era sombrío el ambiente y de completa tensión el momento.

            Camila no lo veía así…

-Cami, ¿podemos caminar más rápido?
-Si lo hago, arruinaré mi uniforme de promoción recién estrenado.
-Es que…
-¡Deja de refunfuñar niña! Sé que te encanta andar buscando problemas.

           
            Seguimos caminando. Llegamos al colegio. Mi prima se unió con los de su grupo, chicos y chicas de 4º año, para hacer su gran entrada.

            Mi mejor amiga, Mary, me esperaba dentro del instituto, en el lugar de siempre, cerca de la administración administrativa. Mary era una chica preciosa y muy inteligente, una morena de cabellos largos y chinos, de la cual Davis estaba enamorado, pero ella no hacía caso a sus intentos de cotejarla. Quizás porque él no tenía deseos de superación, tal vez porque andaba en esas cosas raras, de las cuales ella sentía mucho miedo.

            Davis se había vuelto muy rebelde meses atrás, no quería nada, ni siquiera que le hablarán.

            Precisamente, estaba él fuera del colegio, quizá esperaba a que Mary saliera; sabía durar horas ahí parado.

-¿Tu primo está fuera? Dime que no. –Lamentable el caso, pero sí, si está fuera, y cero que es por ti.
-¡Dios! ¿Cuándo acabará esto? Y, ¿con quién o quiénes anda?
-Con un supuesto amigo que conoció la semana pasada.
-Sí, ya sé. Un chico alto de cabello negro como la noche. No confío en él.
-Yo menos, y espero que no pase nada malo hoy. Con tanta actividad, puede haber algún desarreglo.
-Tengo el presentimiento de que algo malo pasará.
-No te preocupes. Estaremos cerca de la dirección, por si a caso.

            La hora del lanzamiento se acercaba, todo iba bien, como en todas estas clases de actividades. Empieza la ‘bulla’ y el movimiento. Se ve entrar a la promoción en ella. De repente no veo a Mary; la busqué como loca por todo el patio. Mi primo seguía fuera. Me percaté de que su ‘amigo’ no estaba, y luego, no hice otra cosa más que correr al baño y sentarme a pensar desesperada, ansiosa, pues ¿qué tal y le pasó algo a mi amiga? No sabría ni como explicarlo.

1:00 p.m. Se acabó todo, a mi me dio la impresión de que el amigo de Davis se la había llevado. Ella nunca apareció; mi primo lloraba amargamente, todo el camino hacia casa. 

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