lunes, 15 de abril de 2013









Poema Amor Lloraba, Y Yo Con Él Gemía de Francesco Petrarca



Amor lloraba, y yo con él gemía,

del cual mis pasos nunca andan lejanos,

viendo, por los efectos inhumanos,

que vuestra alma sus nudos deshacía.


Ahora que al buen camino Dios os guía,

con fervor alzo al cielo mis dos manos

y doy gracias al ver que los humanos

ruegos justos escucha, y gracia envía.


Y si, tornando a la amorosa vida,

por alejaros del deseo hermoso,

foso o lomas halláis en el sendero,


es para demostrar que es espinoso,

y que es alpestre y dura la subida

que conduce hacia el bien más verdadero.


Versión de F. Maristany















LUIS DE GÓNGORA (1561- 1627)


Hurtas mi vulto y, cuanto más le debe

a tu pincel, dos veces peregrino,

de espíritu vivaz el breve lino

en las colores que sediento bebe,

vanas cenizas temo al lino breve,

que émulo del barro lo imagino,

a quien, ya etéreo fuese, ya divino,

vida le fió muda esplendor leve.

Belga gentil, prosigue al hurto noble;

que a su materia perdonará el fuego,

y el tiempo ignorará su contextura.

Los siglos que en sus hojas cuenta un roble,

árbol los cuenta sordo, tronco ciego;

quien más ve, quien más oye, menos dura.







A una rosa Lope de Vega


¡Con qué artificio tan divino sales

de esa camisa de esmeralda fina,

oh rosa celestial alejandrina,

coronada de granos orientales!


Ya en rubíes te enciendes, ya en corales,

ya tu color a púrpura se inclina

sentada en esa basa peregrina

que forman cinco puntas desiguales.


Bien haya tu divino autor, pues mueves

a su contemplación el pensamiento,

a aun a pensar en nuestros años breves.


Así la verde edad se esparce al viento,

y así las esperanzas son aleves

que tienen en la tierra el fundamento...










Confesion Baudelaire








Un gracioso
[Poema: Texto completo]Charles Baudelaire






Era la explosión del año nuevo: caos de barro y nieve, atravesado por mil carruajes, centelleante de juguetes y de bombones, hormigueante de codicia y desesperación; delirio oficial de una ciudad grande, hecho para perturbar el cerebro del solitario más fuerte.

Entre todo aquel barullo y estruendo trotaba un asno vivamente, arreado por un tipejo que empuñaba el látigo.

Cuando el burro iba a volver la esquina de una acera, un señorito enguantado, charolado, cruelmente acorbatado y aprisionado en un traje nuevo, se inclinó, ceremonioso, ante el humilde animal, y le dijo, quitándose el sombrero: «¡Se lo deseo bueno y feliz!» Volviose después con aire fatuo no sé a qué camaradas suyos, como para rogarles que añadieran aprobación a su contento.

El asno, sin ver al gracioso, siguió corriendo con celo hacia donde le llamaba el deber.

A mí me acometió súbitamente una rabia inconmensurable contra aquel magnífico imbécil, que me pareció concentrar en sí todo el ingenio de Francia.



























La brisa Arthur Rimbaud

En su retiro de algodón,
con suave aliento, duerme el aura:
en su nido de seda y lana,
el aura de alegre mentón

Cuando el aura levanta su ala,
en su retiro de algodón
y corre do la flor lo llama
su aliento es un fruto en sazón.

¡Oh, el aura quintaesenciada!
¡Oh, quinta esencia del amor!
¡Por el rocío enjugada,
qué bien me huele en el albor!

Jesús, José, Jesús, María.
Es como el ala de un halcón
que invade, duerme y apacigua
al que se duerme en oración.















El noviazgo Guillaume Apollinaire
a Picasso

La primavera deja errar a los novios perjuros
y que las plumas azules que sacude el ciprés
donde anida el pájaro azul se agiten como hojas.

Una Madona al alba ha cogido las rosas silvestres
y mañana vendrá a por los alelíes
para poner en los nidos de palomas que destina
a ese palomo que al anochecer parecía el Paracleto.

En el limonarcillo se enamoraron
con el amor que amamos las últimas en llegar.
Los pueblos lejanos son como párpados
Y entre los limones están sus corazones suspendidos.

Versión de Claire Deloupy









AH! LA ANGUSTIA Fernando Pessoa


Ah! La angustia, la abyecta rabia, la desesperación
De no yacer en mí mismo desnudo
Con ánimo de gritar, sin que sangre el seco corazón
En un último, austero alarido!


Hablo -las palabras que digo son nada más un sonido:

Sufro -Soy yo.

Ah, extraer de la música el secreto, el tono

De su alarido!


Ah, la furia -aflicción que grita en vano

Pues los gritos se tensan

Y alcanzan el silencio traído por el aire

En la noche, nada más allí!

Enero 15 de 1920










LA PALOMA Rafael Alberti


Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.
Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana.
Que las estrellas rocío,
que la calor la nevada.
Que tu falda era tu blusa,
que tu corazón su casa.
(Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama.)




















La barca Heine

¡Carcajadas y canciones!
Los rayos del claro sol
Sobre las aguas derraman
Su sonriente fulgor:
Alegre barca las ondas
Mecen con su oscilación;
Con mis amigos mejores
Sentado en ella voy yo.
Choca la barca, deshecha
En mil trozos por el mar.
Eran malos nadadores
Mis amigos, por su mal,
Y en las rocas de la patria
Se vinieron a estrellar.
A mí a los bordes del Sena
Me llevó la tempestad.
Otra vez los mares cruzo
Sobre nueva embarcación:
Nuevos amigos contemplo
Girar a mi alrededor:
De extraños mares me arrulla
La melancólica voz.
¡Qué lejos está mi patria!
¡Qué triste mi corazón!
¡Canción nueva, y nuevas risas!
Silba el viento con afán:
Cruje herido el maderamen,
Que bate iracundo el mar.
Ya el postrer astro en el cielo
Extinguió su claridad.
¡Qué triste que está mi pecho!
¡Qué lejos mi patria está!






Quevedo A la Mar










La voluntad de Dios por grillos tienes,

Y escrita en la arena, ley te humilla;

Y por besarla llegas a la orilla,

Mar obediente, a fuerza de vaivenes.




En tu soberbia misma te detienes,

Que humilde eres bastante a resistilla;

A ti misma tu cárcel maravilla,

Rica, por nuestro mal, de nuestros bienes.




¿Quién dio al pino y la haya atrevimiento

De ocupar a los peces su morada,

Y al Lino de estorbar el paso al viento?




Sin duda el verte presa, encarcelada,

La codicia del oro macilento,

Ira de Dios al hombre encaminada.





miércoles, 10 de abril de 2013

Ensayo!


Iris Delgado 4BM (05)                                                                                  

Héctor Santana

Lengua Española IV

11 de Abril, 2013


Vacacionar: Una nube de problemas para el pez plátano

    Para iniciar, vacacionar es la acción que más nos agrada a nosotros los seres humanos, en la cual nos entretenemos y compartimos con los familiares y vivimos experiencias un tanto agradables, vergonzosas y, raras veces desagradables. Ir a la playa, descansar en un buen hotel, ir al campo a disfrutar del paisaje, viajar a otro país, son algunas de las ideas y/o planes que se nos pueden ocurrir a la hora en que se nos presenta este evento. Dicha ocasión nos trae conocimientos beneficiosos, ya sea aprender de la cultura de otros lugares o conocer a alguien especial que cambie nuestras vidas para siempre. Pero no sólo vivencias benéficas, también experiencias incómodas que nos hacen querer no haber ido a tal sitio a pasar una relajante semana como mínimo. Tales vivencias debemos evitarlas para que, en un futuro no muy lejano, no cometamos el error que cometió el personaje principal de este cuento, y a continuación explicarles mi tesis, Vacacionar: una nube de problemas para el pez plátano.

    Por tanto, Seymour Glass, según lo que pude notar en la lectura, era un hombre trastornado, a quién el desequilibrio mental lo tenía algo loco, pero, un dato no menos importantes es que, no era motivo alguno para arrancarse la vida. Enfrentar este tipo de problemas no es algo fácil, es un proceso complejo que necesita tratamientos que conllevan mucho tiempo y bastante paciencia. Seymour Glass tenía esposa, Muriel, quién no se sentía para nada preocupada con la situación de su marido, no ayudaba en nada al problema que éste enfrentaba. Encarar su enigma solo, no lo alentaba ni le aportaba solución alguna, y por consiguiente, lo hundía más en una depresión que causó su muerte, una muerte espantosa. Buscaba del mar para relajarse, y no sólo para esto, sino que también buscaba tranquilidad, la paz que tal ves no encontraba en su casa con su suegra y su terquedad de llevarlo a un psiquiatra, o aquella paz contradictoria a la guerra.

    Sin lugar a dudas, todo comenzó en la guerra, como no lo explica con claridad en el cuento ‘Un día perfecto para el pez plátano’, sólo se cree que se enfermó en ese sitio, lo del trastorno no podemos verlo a simple vista, así que iremos por partes explicando para descifrar la raíz del problema. ¨Le contó todo… Ese asunto de las ventanas. Las cosas horribles que le dijo a la abuela acerca de sus proyectos sobre la muerte…¨ (Salinger 14), en esta parte del cuento les cito lo que la madre de Muriel le contaba a ésta que le había dicho al doctor para poder tratar las crisis por la que estaba pasando Seymour. Aquellos son algunos de los sucesos que había cometido este al momento del trastorno y de los cuales la madre de Muriel pudo deducir que Seymour estaba enfermo y loco. Y no sólo esto, sino que, al todos darse cuenta de lo que pasaba con el señor Glass, le internaron en el hospital del ejercito y le dieron de alta en aquel lugar antes de tiempo, dando paso así al empeoro de la situación del hombre. Sobre cosas como esta debemos tener siempre cuidado, pues corremos el peligro de caer en una situación incómoda y de desesperación, ya que, tratar con este tipo de enfermedades es delicado y requiere de mucha atención.

    Eventualmente, la causa por la que se mató están más que claras; en esta cita ¨Veo que me está mirando los pies… Perdone, pero casualmente estaba mirando el suelo¨ (Salinger 24), el sujeto entra en una crisis, que, en pocas palabras, ‘la gota que derramó el vaso’, lo cual lo llevo a dispararse. Una enfermedad de este grado debe ser tratada lo más rápido posible, y con mayor razón en el caso de Seymour, que llegó incluso, a prácticamente, ‘violar’ a la pequeña con la que se encontró en la playa. Me explico, en la cita ¨Tomó los tobillos de Sybil con ambas manos y empujó hacia delante. El flotador levantó la proa por encima de la ola. El agua empapó los cabellos de Sybil pero sus gritos eran de puro placer¨ (Salinger 23) vemos el procedimiento del hombre para ‘atacar’ por así decir. Otro factor por el cual se puede identificar la gravedad del caso en el personaje de Seymour,  era su despreocupación por lo que le pudieran haber dicho los padres de la niña al ver que esta presentará reacciones anormales en su cuerpo, debido a lo que Seymour hizo con ella en la playa. Al parecer le importaba poco el pensar de los padres de Sybil y de su mujer, Muriel, así como tampoco le importaría la cara que pudo haber puesto la suegra de éste, ni si la justicia le cobraría esa mala jugada pero no, no pensó nada de esto y es que, ¿qué persona en su sano juicio cometería esta falta sin pensar en las consecuencias?

     Para concluir, la única solución a este problema es la comunicación entre familiares, apoyo mutuo, y claro, por supuesto, el trato con un especialista en la materia, un psiquiatra, el cual nos lleve un control de lo que podemos y no hacer. La respuesta a su dilema no estaba en vacacionar, él no tenía estrés como para ir a la playa a relajar tensiones, son cosas tontas y sin sentido de parte de su esposa, abogando que él estaba muy bien. Aunque en muchos casos, el exceso de agotamiento ocasiona diversidad de enfermedades, el error aquí es el abandono hacia la persona de éste, sin la menor idea de que esto le pueda afectar mentalmente. La irresponsabilidad de Muriel conllevo al desastre y a la perdición de Seymour, un personaje al que su trastorno emocional, ‘esquizofrenia’, que es lo que se le diagnóstica a las personas con un conjunto de trastornos mentales y crónicos, afectó en Seymour de tal manera hasta igualarse a la edad de una chiquilla. No olvidemos que todo esto es sólo producto de la dejadez de una mujer que sólo se preocupaba por ella y que al momento de desampararlo convirtió la palabra ‘vacaciones’ en, Vacacionar: una nube de problemas para el pez plátano.















                                                                                                                                

Referencia Bibliográfica

Salinger, J. D. Nueve cuentos. Estados Unidos: Alianza Editorial, 1948.