La noche era oscura fuera. Me estremecía el pensar en él. Una lluvía de recuerdos ahora se apoderaba de mi cabeza, similar a la llovizna que en la calle, sin luz, caía. Era horrendo. Se respiraba una paz que al mismo tiempo me condenaba a abrir mi mente al pasado, pasado que no quiero repetir. Era hermoso, él era perfecto para mi, un Sol... como su tez, como sus ojos, pero a la vez, fue el peor error de su vida.
El viento, no sé de dónde provenía. Siempre está ahí, se siente, pero no se puede ver. Lo más lógico. Solo se podía notar el movimiento, a veces pausado, a veces lento de los árboles cuando se presenta aquella brisa fresca de un verano en plena noche.
Eran poco los árboles, y poco el viento. Había que aprovecharlo. Quería ver la Televisión, pero en la habitación hacía un calor inigualable, por eso salía al balcón, para sentir el frescor del aire posarse en mi cara. Aquel acto era el culpable de mi mente ociosa. Era placentero y a la vez un castigo, era inevitable debido a las condiciones climáticas, y más si caía la noche.
Me preguntaba a ratos> "¿Por qué cuando cae la noche me invade tu recuerdo?"
En vez de parecerme agradable me atormentaba, me abrumaba su presencia en mi mente.
Escribir historias no es mi fuerte, es una forma de entretener y desviar mi mente de aquella silueta de tu rostro.
He intentado olvidarte, y lo he logrado, por ratos, pero así ha sido hasta ahora.
Te aseguro que poco he sufrido por ti, y aquel día en el que te despediste de mi, de la manera más cobarde que existe, lloré poco.
El calor se hace sentir cada vez más, es hora de buscar qué hacer.
He olvidado por completo en qué estaba pensando.
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